El VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) es un retrovirus que ataca el sistema inmunitario, específicamente los linfocitos CD4+, debilitando las defensas del organismo. Es importante distinguir entre VIH y SIDA: mientras que el VIH es el virus causante, el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) representa la fase más avanzada de la infección, cuando el sistema inmunitario está gravemente comprometido y aparecen infecciones oportunistas o ciertos tipos de cáncer.
El tratamiento antirretroviral (TAR) es fundamental para controlar la replicación del VIH en el organismo. Estos medicamentos no curan la infección, pero permiten mantener la carga viral en niveles muy bajos o indetectables, preservando la función del sistema inmunitario y mejorando significativamente la calidad de vida y expectativa de vida de las personas con VIH.
El principal objetivo del tratamiento es alcanzar y mantener una carga viral indetectable (menos de 50 copias/ml). Esto significa que el virus no puede transmitirse por vía sexual (concepto U=U: indetectable = intransmisible) y que el sistema inmunitario puede recuperarse. El seguimiento regular mediante analíticas permite ajustar el tratamiento según la respuesta individual de cada paciente.
Las farmacias desempeñan un rol crucial en el cuidado integral de pacientes con VIH, ofreciendo asesoramiento farmacológico, control de adherencia al tratamiento, detección de posibles interacciones medicamentosas y apoyo emocional. El farmacéutico actúa como nexo entre el paciente y el equipo médico, garantizando la continuidad terapéutica.
Los ITIN fueron los primeros antirretrovirales desarrollados y actúan bloqueando la enzima transcriptasa inversa del VIH. Entre los más utilizados se encuentran zidovudina, lamivudina, emtricitabina y tenofovir. Estos medicamentos se incorporan a la cadena de ADN viral durante su síntesis, interrumpiendo el proceso de replicación del virus.
Los ITINN también bloquean la transcriptasa inversa pero mediante un mecanismo diferente, uniéndose directamente a la enzima y alterando su forma. Los principales representantes de esta familia incluyen efavirenz, rilpivirina y doravirina. Son especialmente valorados por su potencia y perfil de efectos secundarios generalmente bien tolerado.
Estos medicamentos bloquean la enzima proteasa del VIH, impidiendo que el virus madure y produzca partículas virales infectivas. Los inhibidores de proteasa más empleados son darunavir, atazanavir y lopinavir. Aunque muy eficaces, requieren especial atención a las interacciones medicamentosas y pueden presentar efectos metabólicos.
Los INI representan la clase más moderna de antirretrovirales y actúan bloqueando la enzima integrasa, que permite al VIH insertarse en el ADN de las células humanas. Dolutegravir, raltegravir y bictegravir son los principales exponentes de este grupo, caracterizados por su alta eficacia y excelente tolerabilidad.
Esta categoría incluye medicamentos que impiden que el VIH entre en las células CD4+. Maraviroc es un antagonista del correceptor CCR5 que bloquea una de las puertas de entrada del virus a la célula. Enfuvirtida, aunque menos utilizada, actúa inhibiendo la fusión del virus con la membrana celular.
Las combinaciones de dosis fija simplifican significativamente el régimen terapéutico al reunir varios principios activos en un solo comprimido. Las formulaciones más prescritas en España incluyen:
Estas combinaciones mejoran la adherencia al tratamiento y han demostrado mantener la eficacia virológica a largo plazo, siendo la base del tratamiento actual del VIH en nuestro país.
En España, el tratamiento del VIH cuenta con una amplia gama de medicamentos antirretrovirales de última generación que han demostrado alta eficacia en la supresión viral. Estos fármacos están disponibles a través del Sistema Nacional de Salud y son prescritos por especialistas en unidades de enfermedades infecciosas.
Otros medicamentos importantes incluyen Truvada, pionero en combinaciones fijas; Stribild y Atripla, opciones consolidadas; y fármacos individuales como Prezista (darunavir) e Isentress (raltegravir), utilizados en regímenes personalizados. La selección del tratamiento se basa en factores como resistencias previas, comorbilidades y perfil de efectos adversos, siempre bajo supervisión médica especializada.
La PrEP es una estrategia preventiva dirigida a personas con alto riesgo de adquisición del VIH. En España, está indicada principalmente para hombres que tienen sexo con hombres, personas transgénero, trabajadores del sexo y parejas serodiscordantes. Los medicamentos aprobados incluyen Truvada y Descovy, administrados diariamente bajo supervisión médica.
La PEP debe iniciarse dentro de las 72 horas posteriores a una exposición de riesgo, idealmente antes de las 24 horas. El protocolo estándar incluye:
Tanto la PrEP como la PEP están disponibles en hospitales públicos y centros especializados del sistema sanitario español, con protocolos establecidos por el Plan Nacional sobre el Sida para garantizar el acceso equitativo a estas intervenciones preventivas.
El tratamiento antirretroviral puede ocasionar diversos efectos adversos que varían según la categoría de fármacos utilizada. Los inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleósidos pueden causar acidosis láctica y hepatomegalia, mientras que los inhibidores de la proteasa se asocian frecuentemente con alteraciones metabólicas como dislipidemia y redistribución de la grasa corporal.
Las interacciones medicamentosas son especialmente relevantes con inhibidores de la proteasa y no nucleósidos, que actúan sobre el sistema enzimático CYP450. Es fundamental realizar una monitorización periódica de la función renal y hepática mediante analíticas que incluyan creatinina, transaminasas y bilirrubina.
En mujeres embarazadas se requiere un manejo especializado para prevenir la transmisión vertical, mientras que en pacientes ancianos es necesario ajustar dosis según la función renal. El desarrollo de resistencias puede requerir cambios en el esquema terapéutico, por lo que es esencial realizar estudios de genotipado cuando existe sospecha de fallo virológico.
La adherencia al tratamiento antirretroviral es crucial para mantener la supresión viral y prevenir el desarrollo de resistencias. Una adherencia superior al 95% es necesaria para optimizar la eficacia terapéutica y prolongar la vida del paciente con VIH.
El farmacéutico desempeña un papel fundamental en la educación sanitaria, resolviendo dudas sobre medicación y detectando problemas de adherencia. En España existen programas de seguimiento farmacoterapéutico específicos y organizaciones como CESIDA que ofrecen apoyo integral.
La dispensación debe realizarse garantizando la máxima confidencialidad, cumpliendo con la normativa de protección de datos y ofreciendo un entorno discreto que preserve la privacidad del paciente durante todo el proceso.