La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cuando el corazón bombea. Se mide en dos valores: la presión sistólica, que es la presión máxima cuando el corazón se contrae, y la presión diastólica, que es la presión mínima cuando el corazón se relaja entre latidos. Estos valores se expresan en milímetros de mercurio (mmHg) y se registran como sistólica/diastólica, por ejemplo 120/80 mmHg.
Según las guías españolas de hipertensión arterial, se consideran valores normales aquellos inferiores a 120/80 mmHg. La hipertensión se clasifica en diferentes grados: presión arterial normal-alta (120-129/80-84 mmHg), hipertensión grado 1 (140-159/90-99 mmHg), grado 2 (160-179/100-109 mmHg) y grado 3 (≥180/≥110 mmHg). El diagnóstico requiere múltiples mediciones en consulta médica o mediante monitorización ambulatoria.
La hipertensión arterial multiplica significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares graves. Los principales factores de riesgo incluyen:
La combinación de varios factores aumenta exponencialmente el riesgo de infarto de miocardio, ictus y enfermedad renal crónica.
El control periódico de la presión arterial es fundamental para prevenir complicaciones cardiovasculares. La hipertensión es conocida como "el asesino silencioso" porque raramente presenta síntomas en sus etapas iniciales. Las mediciones regulares permiten detectar cambios tempranos y ajustar el tratamiento farmacológico cuando sea necesario, reduciendo significativamente el riesgo de eventos cardiovasculares graves.
La hipertensión primaria o esencial representa aproximadamente el 90-95% de todos los casos de hipertensión arterial en España. Se caracteriza por no tener una causa específica identificable y se desarrolla gradualmente a lo largo de los años. Está influenciada por múltiples factores como la predisposición genética, el envejecimiento, la dieta rica en sodio, el estrés crónico y los hábitos de vida sedentarios. Su aparición suele ser insidiosa y requiere tratamiento farmacológico combinado con cambios en el estilo de vida para su control óptimo.
La hipertensión secundaria constituye el 5-10% restante de los casos y tiene una causa médica subyacente identificable. Las principales causas incluyen enfermedades renales como la estenosis de arteria renal, trastornos endocrinos como el hiperaldosteronismo o feocromocitoma, y ciertos medicamentos como antiinflamatorios no esteroideos o anticonceptivos orales. También puede ser causada por apnea del sueño, consumo excesivo de alcohol o drogas estimulantes. Su identificación es crucial porque el tratamiento de la causa subyacente puede curar o mejorar significativamente la hipertensión.
La hipertensión sistólica aislada es particularmente común en personas mayores de 65 años y se caracteriza por una presión sistólica elevada (≥140 mmHg) con presión diastólica normal (<90 mmHg). Se debe principalmente al endurecimiento de las arterias grandes debido al envejecimiento. Esta condición aumenta significativamente el riesgo de ictus y enfermedad cardiovascular en la población geriátrica, requiriendo un manejo cuidadoso y personalizado del tratamiento antihipertensivo.
En España, existe una amplia gama de medicamentos antihipertensivos efectivos para el control de la presión arterial alta. Estos fármacos están disponibles en farmacias con receta médica y pertenecen a diferentes grupos terapéuticos, cada uno con mecanismos de acción específicos que permiten un tratamiento personalizado según las necesidades de cada paciente.
Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) son medicamentos de primera línea para el tratamiento de la hipertensión arterial. Estos fármacos bloquean la formación de angiotensina II, una sustancia que provoca la constricción de los vasos sanguíneos.
Estos medicamentos actúan bloqueando los canales de calcio en las células del músculo liso vascular, lo que provoca la relajación de los vasos sanguíneos y reduce la presión arterial. Son especialmente eficaces en pacientes de edad avanzada.
El amlodipino es uno de los bloqueadores de canales de calcio más prescritos debido a su larga duración de acción y buena tolerabilidad. El nifedipino está disponible tanto en formulaciones de liberación inmediata como prolongada.
Los diuréticos ayudan a eliminar el exceso de agua y sodio del organismo a través de los riñones, reduciendo así el volumen de líquido en los vasos sanguíneos y disminuyendo la presión arterial.
La hidroclorotiazida es el diurético tiazídico más comúnmente utilizado, frecuentemente combinado con otros antihipertensivos. La furosemida es un diurético de asa más potente, reservado para casos específicos. La indapamida ofrece beneficios cardiovasculares adicionales más allá del control de la presión arterial.
Los betabloqueantes reducen la presión arterial al bloquear los efectos de la adrenalina en el corazón, disminuyendo la frecuencia cardíaca y la fuerza de contracción del músculo cardíaco.
Entre los más utilizados encontramos el atenolol, el metoprolol y el bisoprolol. Estos medicamentos son especialmente beneficiosos en pacientes que han sufrido un infarto de miocardio o tienen insuficiencia cardíaca.
También conocidos como ARA-II, estos medicamentos bloquean la acción de la angiotensina II en sus receptores, produciendo efectos similares a los inhibidores de la ECA pero con un perfil de efectos secundarios diferente.
El losartán fue el primer medicamento de esta clase y sigue siendo ampliamente utilizado. El valsartán ofrece una acción más prolongada y está disponible en múltiples presentaciones. Ambos medicamentos son bien tolerados y representan una excelente alternativa para pacientes que no toleran los inhibidores de la ECA.
Para obtener lecturas precisas de la presión arterial en el hogar, es fundamental seguir una técnica adecuada. Siéntese cómodamente con los pies apoyados en el suelo y la espalda recta. Coloque el manguito del tensiómetro en el brazo desnudo, aproximadamente 2-3 cm por encima del pliegue del codo. Mantenga el brazo a la altura del corazón y permanezca inmóvil durante la medición. Evite hablar, cruzar las piernas o realizar cualquier movimiento que pueda alterar los resultados.
En las farmacias españolas encontrará diferentes tipos de tensiómetros para uso doméstico. Los tensiómetros digitales automáticos de brazo son los más recomendados por su precisión y facilidad de uso. También están disponibles los tensiómetros de muñeca, aunque son menos precisos para personas con problemas circulatorios. Los tensiómetros manuales con estetoscopio requieren mayor habilidad pero ofrecen gran precisión cuando se usan correctamente. Todos estos dispositivos deben contar con la certificación CE para garantizar su calidad y seguridad.
La frecuencia del monitoreo domiciliario depende del estado de su presión arterial. Para personas con hipertensión recién diagnosticada o en tratamiento, se recomienda medir la presión arterial diariamente durante una semana, preferiblemente por la mañana y por la noche. Una vez estabilizada, las mediciones pueden realizarse 2-3 veces por semana. Es importante registrar todas las lecturas en un diario para compartir con su médico durante las consultas de seguimiento.
La dieta DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) ha demostrado ser altamente efectiva para reducir la presión arterial. Esta dieta enfatiza el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, proteínas magras y productos lácteos bajos en grasa, mientras limita las grasas saturadas y el azúcar añadido. Reducir el consumo de sodio a menos de 2.300 mg por día, e idealmente a 1.500 mg, puede disminuir significativamente la presión arterial. Lea atentamente las etiquetas de los alimentos procesados y utilice hierbas aromáticas y especias como alternativas saludables a la sal.
La actividad física regular es uno de los métodos más efectivos para prevenir y controlar la hipertensión arterial. Se recomienda realizar al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada por semana, como caminar a paso ligero, nadar o montar en bicicleta. Los ejercicios de resistencia también son beneficiosos cuando se realizan 2-3 veces por semana. Comience gradualmente si no está acostumbrado al ejercicio y consulte con su médico antes de iniciar cualquier programa de actividad física intensa, especialmente si tiene factores de riesgo cardiovascular.
Mantener un peso saludable es crucial para el control de la presión arterial. Una pérdida de peso incluso modesta puede tener un impacto significativo en la reducción de la presión arterial. El índice de masa corporal (IMC) ideal se sitúa entre 18,5 y 24,9 kg/m². El abandono del tabaco es igualmente importante, ya que fumar aumenta temporalmente la presión arterial y daña las arterias a largo plazo. Su farmacia puede ofrecerle programas de apoyo para dejar de fumar, incluyendo terapias de reemplazo de nicotina y asesoramiento personalizado.
Es fundamental reconocer los signos de una crisis hipertensiva que requiere atención médica inmediata. Busque ayuda médica urgente si experimenta alguno de los siguientes síntomas:
Los controles médicos regulares son esenciales para el manejo efectivo de la hipertensión arterial. Para personas con presión arterial normal, se recomienda un control cada 2 años. Aquellos con prehipertensión deben realizarse controles anuales, mientras que los pacientes con hipertensión diagnosticada requieren seguimiento médico cada 3-6 meses, dependiendo del grado de control alcanzado. Durante estas visitas, su médico evaluará la efectividad del tratamiento, ajustará medicaciones si es necesario y monitorizará posibles complicaciones.
El cumplimiento estricto del tratamiento farmacológico prescrito es fundamental para el control exitoso de la hipertensión arterial. Nunca interrumpa o modifique su medicación sin consultar previamente con su médico, incluso si se siente bien o si su presión arterial parece estar controlada. La hipertensión es una enfermedad silenciosa que requiere tratamiento continuo para prevenir complicaciones graves como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o insuficiencia renal. Si experimenta efectos secundarios, consulte con su farmacéutico o médico para explorar alternativas terapéuticas en lugar de abandonar el tratamiento.