La gastritis y las úlceras pépticas son afecciones que afectan el revestimiento del estómago y duodeno. La gastritis consiste en la inflamación de la mucosa gástrica, mientras que las úlceras son lesiones abiertas que se forman cuando los ácidos digestivos dañan las paredes del tracto digestivo.
Los síntomas más frecuentes incluyen dolor abdominal punzante, acidez estomacal persistente, náuseas y sensación de ardor. Las causas principales son la infección por Helicobacter pylori, el uso prolongado de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y situaciones de estrés intenso.
El arsenal terapéutico incluye varios tipos de medicamentos efectivos:
Para la erradicación de H. pylori, se requiere un tratamiento combinado que incluye antibióticos específicos junto con inhibidores de la bomba de protones, siguiendo las guías clínicas españolas actualizadas.
El Síndrome del Intestino Irritable es un trastorno funcional digestivo que afecta aproximadamente al 10-15% de la población española, siendo más frecuente en mujeres. Se caracteriza por ser un conjunto de síntomas crónicos que alteran significativamente la calidad de vida del paciente.
El SII se clasifica en tres tipos principales: SII con predominio de diarrea (SII-D), con estreñimiento (SII-E) o de tipo mixto (SII-M). Los síntomas incluyen dolor abdominal recurrente, cambios en la frecuencia y consistencia de las deposiciones, distensión abdominal e hinchazón.
Los principales desencadenantes son el estrés emocional, ciertos alimentos (lácteos, gluten, FODMAP), cambios hormonales y alteraciones en la microbiota intestinal.
Las opciones terapéuticas disponibles en farmacias españolas incluyen:
El manejo dietético personalizado es fundamental, incluyendo la identificación de alimentos desencadenantes y la adopción de una dieta baja en FODMAP cuando sea necesario.
La enfermedad por reflujo gastroesofágico se produce cuando el contenido ácido del estómago asciende hacia el esófago debido al mal funcionamiento del esfínter esofágico inferior. Este trastorno afecta a millones de españoles y puede estar causado por factores como el sobrepeso, el tabaquismo, ciertos alimentos, el estrés o el embarazo.
Los síntomas más característicos incluyen ardor retroesternal (pirosis), regurgitación ácida, dolor torácico y sensación de quemazón que empeora al acostarse. Si no se trata adecuadamente, la ERGE puede provocar complicaciones graves como esofagitis erosiva o el síndrome de Barrett, precursor del cáncer esofágico.
Complementariamente, se recomienda elevar la cabecera de la cama, evitar comidas copiosas antes de dormir y reducir el consumo de alimentos desencadenantes como cítricos, tomate y café.
La diarrea se caracteriza por deposiciones líquidas o semilíquidas frecuentes y puede clasificarse según su duración en aguda (menos de 14 días) o crónica (más de 4 semanas). Las causas más comunes incluyen infecciones virales, intoxicaciones alimentarias, efectos adversos de antibióticos, intolerancias alimentarias y síndrome del intestino irritable.
Es fundamental buscar atención médica inmediata ante síntomas como fiebre alta, sangre en las heces, deshidratación severa, dolor abdominal intenso o diarrea que persiste más de 3 días en adultos y 24 horas en niños pequeños.
La rehidratación adecuada constituye la base del tratamiento, especialmente en niños y personas mayores, grupos más vulnerables a la deshidratación.
El estreñimiento funcional se define médicamente como la presencia de menos de tres deposiciones por semana, junto con dificultad para evacuar, heces duras o sensación de evacuación incompleta durante al menos tres meses. Los criterios de Roma IV establecen los parámetros diagnósticos precisos para esta condición que afecta significativamente la calidad de vida de los pacientes.
Los principales factores que contribuyen al estreñimiento incluyen el sedentarismo, una dieta pobre en fibra y líquidos, ciertos medicamentos como opioides y anticolinérgicos, y cambios hormonales. El estreñimiento crónico puede derivar en complicaciones como hemorroides, fisuras anales, impactación fecal y, en casos severos, obstrucción intestinal.
El abordaje terapéutico sigue una estrategia escalonada:
Los cambios en el estilo de vida, incluyendo ejercicio regular, ingesta adecuada de fibra (25-30g diarios) y hidratación suficiente, constituyen la base del tratamiento preventivo y terapéutico.
Las náuseas y vómitos son síntomas complejos controlados por el centro del vómito en el bulbo raquídeo, que integra señales del tracto gastrointestinal, el sistema vestibular y la corteza cerebral. Este mecanismo de defensa puede activarse por múltiples estímulos, desde toxinas hasta alteraciones metabólicas.
Las causas más frecuentes incluyen efectos adversos de medicamentos, embarazo (especialmente primer trimestre), cinetosis, gastroenteritis viral y trastornos digestivos. Es crucial consultar urgentemente al médico ante vómitos persistentes con sangre, signos de deshidratación severa, dolor abdominal intenso o alteración del estado de conciencia.
Los antieméticos de venta libre incluyen:
El manejo incluye rehidratación oral fraccionada, dieta progresiva comenzando con líquidos claros, y reposo digestivo inicial. La prevención en viajes mediante antihistamínicos o en pacientes oncológicos requiere planificación específica según el contexto clínico individual.