Los medicamentos antiparasitarios son fármacos específicamente diseñados para combatir las infecciones causadas por parásitos que pueden alojarse en el organismo humano. Su función principal es eliminar o inhibir el crecimiento de estos microorganismos que pueden causar diversas enfermedades y molestias.
Los parásitos que más comúnmente afectan a los seres humanos incluyen gusanos intestinales como lombrices, oxiuros, tenias y ascárides, así como protozoos como Giardia lamblia. Estos organismos pueden ingresar al cuerpo a través del agua contaminada, alimentos mal lavados, contacto con superficies infectadas o por falta de higiene adecuada.
El tratamiento antiparasitario es fundamental para prevenir complicaciones graves como desnutrición, anemia, obstrucción intestinal y problemas de crecimiento en niños. Es importante consultar con el farmacéutico o médico cuando se presenten síntomas como dolor abdominal persistente, picazón anal nocturna, cambios en las deposiciones, pérdida de peso inexplicable o presencia visible de parásitos en las heces.
En España, los parásitos intestinales más frecuentes incluyen los oxiuros (Enterobius vermicularis), especialmente en niños en edad escolar, las lombrices intestinales (Ascaris lumbricoides) y la Giardia lamblia. Estos parásitos son más comunes en entornos con condiciones higiénicas deficientes o en comunidades cerradas como colegios y guarderías.
Los síntomas de infestación parasitaria pueden variar, pero típicamente incluyen:
Los antiparasitarios más utilizados en España incluyen el Mebendazol (comercializado como Lomper y Pantelmin), efectivo contra oxiuros, ascárides y otros helmintos. El Albendazol (Eskazole) es otra opción ampliamente prescrita para infecciones por gusanos redondos. El Pamoato de pirantel, también disponible en presentaciones como Lomper, es especialmente eficaz contra oxiuros y ascárides.
La dosificación varía según el tipo de parásito y la edad del paciente, generalmente requiriendo una dosis única o tratamiento de 3 días. Es crucial seguir las medidas de prevención como el lavado frecuente de manos, mantener las uñas cortas y limpias, y lavar la ropa de cama a alta temperatura.
La pediculosis es una infestación causada por piojos que afecta principalmente el cuero cabelludo. Estos parásitos se transmiten por contacto directo entre personas, especialmente en entornos escolares y familiares. Los piojos no saltan ni vuelan, sino que se desplazan rápidamente entre cabellos cuando las cabezas están en contacto cercano.
Los piojos adultos son insectos de color marrón del tamaño de una semilla de sésamo, mientras que las liendres son sus huevos, adheridos firmemente al cabello cerca del cuero cabelludo. Para su eliminación, disponemos de diversos productos eficaces:
El tratamiento debe aplicarse sobre cabello seco, dejando actuar según las indicaciones del fabricante. Es fundamental repetir el tratamiento a los 7-10 días para eliminar posibles piojos nacidos de huevos que sobrevivieron. Simultáneamente, debe tratarse la ropa de cama, peines y objetos personales con agua caliente o productos específicos.
La sarna o escabiosis es causada por el ácaro Sarcoptes scabiei, que excava túneles en la piel provocando intenso picor, especialmente nocturno. Las lesiones típicas aparecen entre los dedos, muñecas, axilas y genitales, presentándose como líneas finas y rojizas con pequeñas vesículas.
El tratamiento de elección es la permetrina al 5% en crema, aplicada desde el cuello hacia abajo en todo el cuerpo, manteniéndola durante 8-12 horas antes del lavado. La duración típica del tratamiento incluye una segunda aplicación a la semana siguiente.
Es esencial tratar simultáneamente a todos los convivientes y desinfectar la ropa de cama y vestimenta con agua caliente. Los objetos que no pueden lavarse deben aislarse en bolsas cerradas durante 72 horas, tiempo suficiente para que los ácaros mueran sin huésped humano.
Las infecciones parasitarias internas requieren un enfoque terapéutico específico mediante medicamentos de administración oral que actúan de forma sistémica en el organismo. Estos tratamientos están diseñados para combatir parásitos que se han establecido en diferentes órganos y sistemas del cuerpo humano.
Los antiparasitarios sistémicos más utilizados incluyen el metronidazol, especialmente efectivo contra infecciones por Giardia lamblia, un protozoo que causa trastornos gastrointestinales significativos. El tinidazol representa otra opción terapéutica importante para el tratamiento de diversas infecciones por protozoos, ofreciendo ventajas en cuanto a posología y tolerabilidad.
La ivermectina constituye un medicamento fundamental para el tratamiento de determinados parásitos, especialmente helmintos, y ha demostrado gran eficacia en infecciones específicas bajo supervisión médica estricta.
Estos medicamentos pueden presentar interacciones medicamentosas significativas, especialmente con anticoagulantes, algunos antibióticos y medicamentos neurológicos. Es fundamental informar al médico sobre cualquier medicación concomitante. Los efectos secundarios pueden incluir náuseas, vómitos, dolor abdominal y, en casos específicos, alteraciones neurológicas. Están contraindicados durante el embarazo y la lactancia salvo indicación médica expresa.
La prevención de infecciones parasitarias se basa en medidas de higiene rigurosas que deben implementarse tanto a nivel personal como familiar:
Es fundamental completar el ciclo de tratamiento prescrito, incluso si los síntomas desaparecen antes. En muchos casos, será necesario repetir el tratamiento según las indicaciones médicas para asegurar la eliminación completa del parásito. La consulta farmacéutica personalizada permite resolver dudas sobre la administración correcta y optimizar los resultados del tratamiento antiparasitario.